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Sigo, sigo vivo… creo. En unos días se celebra el IV Congreso Andaluz de Periodismo Digital, y sus impulsores, los amigos de la Asociación de Periodistas Digitales de Andalucía (APDA), a la que no pertenezco, me han vuelto a invitar a pasarme por Huelva (donde me voy a reencontar con Rosa María Calaf, doce años después, las vueltas que da la vida…). Y esta vez, incluso me piden que me suba a la mesa y que participe en una de las charlas programadas, para hablar de micro-medios y de cómo le va a DIARIO Bahía de Cádiz: el niño, camino de los diez años, pues va camino de la pubertad, irremediablemente.

Llevo medio sábado dándole vueltas a cómo enfocar mi exposición, a cómo y qué contar y qué no contar, si mostrar un discurso optimista-medio-irreal u otro sincero pesimista-realista-apaga-y-vámonos. Ni todo es blanco ni todo es negro, ya ya, existen los grises. Pero es que estar en el medio me aburre tanto…

Curioseando entre notas en cuadernos de cuadritos manchados a lapiz y documentos en word, esbozados para otras charlas a las que me han invitado, o de las que he aprendido (en modo esponja), me he topado con dos escritos muy parecidos (medio obsesivos) que he publicado en los últimos años. Y como tengo la impresión de que soy tan cabezón que sigo pensando más o menos igual, voy a darles salida otra vez en esta entrada, en la que mejor no digo nada de las “mayorías silenciosas”… valiente panda de tontos del culo que tenemos que soportar. Y seguimos sentados y tragando.

Sí, ya tiene un periódico digital, otro
(se publicó en la sección El Derrotista de este mismo periódico, pero con los cambios de gestor de contenidos, creo que se perdió)

La receta es sencilla. Póngase el delantal… Llame a los variopintos gabinetes de prensa para que le remitan notitas y comunicados o contrate los servicios de una agencia de prensa o robe directamente la información de un lado u otro, con mu poca vergüenza, pero sin miedo, que no muerden…. todavía. Ya tiene la materia prima. En estos tiempos el periodista no sale a buscar noticias, que se resfría, la noticia viene a él. Bueno, noticia noticia… una mínima parte de la noticia, la que interesa al emisor… nota que suele repetirse sin cuestionarse una coma… Y si se ponen los pies en la calle es para acudir a desayunos, croqueteos, y a ruedas de prensa en las que se cuentan cosas que igual podrían escribirse en un comunicado, con sus tildes y todos, y ahorramos en fanta y saliva… Y si hay preguntas, se suelen responder por la tangente…  Y si encima delante del micro o grabadora está un político, nunca dirá la verdad –totalmente confirmado-, sino más bien lo que interesa decir, de cara a sus votantes, de cara a sus jefes, a su partido… Ahora hace falta un canal, una web que se parezca mucho a las demás, y sobre todo que tenga una gestión interna sencillita. Vamos, que en tres clicks se pueda subir la información… Y el último paso, y quizá el más importante, es… controlar una indispensable combinación de letras: control C control V. Al principio parece complicada la coordinación de dedos, pero con el tiempo verá que gana habilidad, y no podrá parar… copiar, pegar, copiar, pegar, copiar… Ya que tiene contenido, soporte y habilidad copiando y pegando, necesita algunos añadidos, como por ejemplo, ser el primero en copiar y pegar una nota de prensa o despacho de agencia, subirlo a la web, y encima sentirse orgulloso. Al poco, la mayoría de ‘competidores’ también tendrán publicada la misma nota, sin ni siquiera reparar en las erratas… y si le da por echarle un vistazo por encima y encuentra que pone tráfico en alguna esquina, pues le mete una foto del puente Carranza colapsado, aunque la información exacta es que se cortará mañana la calle Sagasta por que se van a recolocar tres adoquines. Pero para qué leer esos tres párrafos, si las otras webs tampoco lo harán… y sus potenciales lectores menos… pero ha sido el primero… Ya puede anotar, junto al nombre de su ‘diario’ en internet la apostilla de ‘líder’, el ‘primero’, el ‘único’, el ‘referente’. Y que no se me olvide, el tema de la publicidad. Sólo tiene que arrimarse bien a Diputación o al Ayuntamiento, de Cádiz, por ejemplo. Indispensable tener amigos o un cuñao en un lado u otro, o bien el carné sociata o pepero… Así ya tendrá merecida y justificada la propaganda institucional, la pagada con el dinero de todos –y sólo se difunde a través de algunos-, aunque lleve un día en el ciberespacio y le lea su madre y su prima de Barcelona… Sí, ya tiene un periódico digital, otro, ya es todo un periodista digital, nadie podrá sobrevivir informativamente sin pasar catorce veces cada mañana por su web, siempre actualizada, fresquita fresquita, aunque no me cuente nada interesante, nada nuevo, nada que aporte nada al periodismo, nada.

Mañana lo dejo
(este texto lo escribí tras invitarme el compañero Santi Pérez -hasta hace unos meses en el gabinete de Prensa de la delegación del Gobierno de la Junta en Cádiz, hasta que el político de turno ha querido, sin explicaciones…- a reflexionar sobre lo mío y a publicar en su blog, y por ahí debe seguir)

“Quiero ser periodista digital -me comentaba el otro día un chaval-, periodista digital, como tú”. No supe cómo reaccionar. ¿Me estaba vacilando? Tomé aire, solté la copa, cerré los puños, le miré a los ojos –una experiencia analógica que se va perdiendo- y le repliqué: “tú eres gilipollas… digital, pero gilipollas. Cibergilipollas. Me confiesas, sin rubor, que quieres quemarte delante de la pantalla del ordenador trece horas al día; tecleando como un autómata control C, control V; abriendo notas de prensa –¿llegas a leerlas?- que darás por verdades absolutas pese a que la gran mayoría son publicidad encubierta (de un producto, un servicio o un político) o teletipos de agencia –que suelen ser refritos de esas mismas notas de prensa-; o volcando los contenidos de la edición impresa de tu medio –si la tuviera y que en un ochenta por ciento son esos mismos comunicados y despachos-; y compitiendo por ser el primero en colgar una noticia que en cinco minutos doscientos catorce periódicos en Internet de medio mundo –esos que alguien muy acertadamente ha denominado diarios ‘churros’- tendrán también en portada con el mismo titular, el mismo contenido y la misma foto”. En este momento hice una pausa para apurar el vaso, sorbito a sorbito. La verdad así duele menos. “Con suerte, algún martes el jefe te mandará a una rueda de prensa (sí, esa convocatoria en la que el concejal de fiestas varias clausura el taller de costura de aquella otra asociación) equipado con libreta, boli –aunque ya no sepas ni escribir a mano-, grabadora y cámara, con la que debes hacer medio centenar de fotografías como mínimo para montar una galería de imágenes de reveladoras ‘fotos de familias’ desde catorce ángulos distintos, y grabar un vídeo cutre de un par de minutos que luego sin editar, a lo bruto, subirás a la web. Y encima será lo más visitado. ¿Y el texto? Es lo de menos, con dos parrafitos vale, la gente mediatizada ya no pierde el tiempo en leer, sólo mira -¿ve?- los dibujitos. Te sentirás no sólo un verdadero periodista digital, sino también multimedia. Tres en uno. Y con el sueldo de cuarto y mitad… sí, eres cibergilipollas. Soy cibergili…”. Ahí fue cuando fui consciente de que estaba hablando con mi reflejo en el espejo de aquel bar. Me veía más gordo… y el camarero me miraba raro…

Esa madrugada tomé la decisión, una vez más, de mandar muy lejos mi monótono y mal pagado –cuando pagaban- trabajo de ‘funcionario’ viviendo como Bill Murray su particular ‘día de la marmota’ sin jornadas de descanso ni vacaciones en un pseudo diario digital sin rumbo, y buscar el mío propio –mi camino, aunque suene existencial- en esta idealizada profesión: soy y quiero ser/sentirme periodista de verdad, no virtual, y punto. Sin añadidos. Ver y contar lo que pasa, salir a la calle, interpretar y desmenuzar esa realidad, cuestionarla, sin la presión ni el chantaje de la publicidad (la privada y la no menos importante, la institucional) aparcando esa obsesión tan de moda por la inmediatez –más prisas, menos calidad-. Hacer periodismo, no vender información. Ni morir de hambre ni prostituirme. Ya sea en papel, en radio, en televisión o en Internet, porque la Red es otro soporte más, otro canal de difusión (una idea parecida es la de Jesús Canga Larequi), más barato –en inversiones, costes, etc.- pero tan digno y con futuro, mal que les pese a las mentes medievales; aunque, es verdad, muy devaluado por culpa de esos diarios ‘churros’ –¡¡algunos llegan a autoproclamarse ‘líderes’!!- y el presunto periodismo ‘ciudadano’, 2.0 ó 3.0, ya he perdido la cuenta -en mi pueblo a eso se le llama intrusismo profesional-… ¡Qué pesadilla! Y todavía sin tuenti…

Sonó el despertador, a eso de las nueve y pico de la mañana. Me dolía la cabeza. Me duché, me vestí, me tomé dos cafés, corrí al autobús, subí a la redacción, saludé a los becarios de turno con mi mejor sonrisa –inocentes, no tienen culpa de nada-, encendí el ordenador, y control C, control V, control C, control V… Mientras, me repetía a mi mismo: “mañana lo dejo, mañana lo dejo”… control C, control V, control C, control V…

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