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Asco. Mucho asco. Es lo que siento, es lo que me hace volver a vomitar aquí, tras unos meses conteniéndome, estas letras que me salen tras arcadas ante lo que estamos soportando en las últimas semanas. ‘Intuyo’ –¿o debería autocorregirme y poner ‘creo’…?- que no voy a ser nada original, pero necesito vaciarme, expulsar toda la bilis acumulada y compartirla. No suena nada agradable, lo sé.

Como tampoco es agradable sobrevivir –es lo que nos queda, aunque vamos camino de la fase de malvivir- en un país que no sientes nada tuyo, secuestrado por esos tontos del culo que legitimados por una democracia de mierda hecha a su medida, que tiene muy poco de democracia, excusan sus asfixiantes actuaciones no prometidas –que encima no son suyas, se las dictan desde más arriba, el coco de los mercados, uuuhh- en que son los representantes del pueblo –y una mierda-, pero a ese pueblo se lo pasan por el forro; pueblo al que temen en cuanto deja de ser borrego de los de un lado o los del otro y no dudan en aporrear legítimamente por medio de los mercenarios cuerpos policiales, que para más inri paga ese mismo pueblo; pero sufren los recortes -reformas, según los tontos del culo- como pueblo que son, aunque cuando acarician la porra entre sus manos parecen olvidarlo… siempre cumpliendo órdenes de estos tontos del culo, que son los que mandan cargar o no cargar, que haya sangre con tomate, o no, ojo.

Policía ‘defendiendo’ el pasado 25-S la ‘democracia’ del enemigo: el pueblo

La estrategia es clara: atemorizar a todo el que cuestione este sagrado sistema –y una mierda-, amparado en su intocable Constitución –sí, claro- cocinado en los entresijos de la ejemplar transición tras el franquismo –otra caca-, podrido sistema en el que PP-PSOE se reparten alternativamente el pastel del ‘poder’ –poder ser títeres lacios de esos mercados, sólo cambian algo las formas-; acojonar a base de mucha policía poca diversión, de represión policial –y de detenciones arbitrarias, y ya hasta preventivas, como en esa película que no he visto ni veré, ‘Minority report’- para mantener al desesperado y desesperanzado pueblo en casa –si no le se la ha quitado el banco-, resignado, con el pantalón bajado y el trasero en posición, formando parte de esa “mayoría silenciosa” de la que tanto se enorgullece el tonto del culo mayor de los puros y el wisky en sus viajes oficiales.

Sé que no soy nada original, lo sé. Como sé, tiempo al tiempo, que los dictadores tontos del culo a los que habéis otorgado la mayoría absolutista, a los que habéis votado vosotros –tenéis mucha culpa, es así; ¿yo?, ni he votado y no pienso avalar más con mi papeleta antiPP-PSOE un sistema que repulso y en el que no creo-, esos que confunden sin ruborizarse y con descaro lo institucional con lo partidista, y que, por ejemplo, ya han reemplazado los cargos de subdelegado “del Gobierno” por subdelegado “del PP” –no tenemos que irnos muy lejos, nos pasa en Cádiz con De Torre, que acaba de ser multado por ello, dos cohones-; o el de defensor “del Pueblo”, que suena tan hermoso, por defensora “del PP”, como funciona en la práctica Soledad Becerril, en base a sus intolerables declaraciones…

A lo que iba, en unas semanas-meses “modularán” las manifestaciones –ya han lanzado el globo sonda- con la justificación de que con las calles ardiendo día sí y día también –por algo será, ¿no?– no se puede lograr el objetivo que obsesiona a estos tontos del culo –y me lo creo…-, y que repiten como papagayos: “crecer y crear empleo”. O lo que es lo mismo, a partir de un decreto ley, o algo, restringirán y retrotraerán al añorado blanco y negro muy democráticamente el derecho de reunión y manifestación –ya lo hacen, de hecho-, salvo las justas protestas que defiendan, con mucha laca y polos Ralph Lauren, el fin del aborto libre, la educación segregada y por supuesto privada y la canonización de algún potencial pederasta. ¡Coño!, que como sigamos así, van a tener que pedir el manido ‘rescate’ sólo para pagar las dietas y horas extras de los macrodispositivos policiales. Y si a pesar de ello no se calma la molesta y cansina plebe que piensa por si misma, ni eliminando por “interés general” -de PP-PSOE-bancos- la ya dudosa libertad de prensa –sin periodistas, y cada vez hay más en el paro, no hay periodismo-, ni deteniendo a puñados –y apaleando… y torturando un poco- a peligrosos radicales sentados en el suelo con las manos en alto, con 15 ó 80 años, da igual, e imputándoseles con calzador delitos “contra la nación” -es de risa, mamá…, y que luego tenga que venir un juez “pijo y ácrata” a evidenciar que los tontos del culo son tontos del culo…-, el siguiente paso será replegar a las tropas de Afganistán –ya me contarás qué pintan ahí- y repartirlas por media EspÁña –siendo generosos a la hora de plantarlas por Catalunya, a ver qué se creen estos malcriados con sueños independentistas-. Que un tanque y un bazoca intimidan más que una lechera de antidisturbios y su pitolón de bolas, ¿que no?

Pero todo esto que conjeturo se hará para defender “la democracia”, claro. Una democracia de mierda para un país, ahora mismo, de mierda, con tanto tonto del culo arriba y borregos abajo –los más militantes, esperando favores, como no, un carguito de confianza para el sobrino o una gerencia en una empresa pública para el tito…, o un ministerio para el cuñado sin ocupación conocida, que lleva años peloteando sin rechistar y ya le toca-. Una democracia que pone en entredicho el estigmatizado movimiento ‘Ocupa el Congreso’ -su lema original, nada de eufemísticos ‘Rodea el Congreso’-, que no es más que una secuela lógica ¿más organizada? del movimiento indignado 15-M. Un debate que los tontos del culo, cagados de miedo, no quieren abrir de tú a tú porque salen perdiendo. Y por ello en estas semanas se habla de todo lo accesorio, para tapar y esconder lo esencial: que ¡¡estamos hartos!! y que queremos reinventar, desde abajo, desde el pueblo y por el pueblo –pensando en él y no en los bancos-mercados, que se cagan todos los días en nosotros-, este sistema de mierda heredado del franquismo-transición, para sentirlo como propio, sentirnos cómodos y libres de verdad, sentirnos, todos, dueños de nuestro destino. Sentir que la mierda es nuestra mierda. Y si para alcanzar esta meta –utópica, es la triste realidad, que no nos debe paralizar- hay que traspasar la tediosa legalidad y secundar un golpe de Estado pacífico –ya ves, las armas las tienen ellos, que ojalá algún día dejen de ser autómatas robocops y se conviertan en nosotros, no me canso de desearlo-, bienvenido sea. Es lo que siento, y de Tejero tengo poco. O la revolución, o la emigración…, y que se queden aquí los tontos del culo y acólitos regodeándose en su estiércol democrático que tanto adulan. Puaj…

Como repite el estribillo del tema de Els Amics de les Arts que escucho una y otra vez mientras me desahogo soltando estas parrafadas, desde dentro: I és que aquí / la merda se’ns menja. / I és que aquí / ja no s’hi pot estar.

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